En estos días, el tema central a nivel mundial se trata sobre el temido Coronavirus, pero no entraremos a hablar de lo que ya sabemos, ni de sus consecuencias, ni la manera de prevenirlo desde un lugar médico. Hablaremos de otras realidades, de la cuales poco se habla y si se hacen, poco se difunden: COVID-19 como detonador de heridas del racismo en el mundo.

 

Para contextualizar, empezaremos definiendo el concepto Salud, como un estado

de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades. La cita procede del preámbulo de la Constitución de la Organización Mundial de la Salud, que fue adoptada por la Conferencia Sanitaria Internacional, celebrada en Nueva York, del 19 de junio al 22 de julio de 1946, firmada en esta última fecha y entrando en vigor 2 años después. 

Aplicando esta definición a la población Africana y su diáspora, hemos visto que el concepto de salud queda limitado, restringido y reducido a unos/as cuantos/as integrantes, ya que las diferentes variables que componen dicho concepto no se encuentran cubiertas en nuestras poblaciones; en algunos casos, la variable física, en otros casos y mucho más frecuentes, la variable mental y social, todo esto debido a lo que conocemos y a lo que se afirma “desconocecer” o no “practicar actualmente”, el llamado Racismo.

 

¿Pero cómo se aplica el racismo en una coyuntura mundial como la COVID-19?

Debemos ante todo entenderlo como un sistema societal complejo de dominación fundamentado étnica o racialmente con la consecuente inequidad. Este va a estar compuesto por un subsistema social y uno cognitivo, el subsistema social está constituido por prácticas sociales discriminatorias a nivel local (micro), y por relaciones de abuso de poder por parte de grupos dominantes, de organizaciones en un nivel global (macro). Adicional a esto, surge la segregación como una forma en donde quien asume el poder de manera selectiva genera condiciones de distanciamiento con respecto al dominado. 

El segundo subsistema es el cognitivo, definido como la base mental que consiste en eventos e interacciones étnicas en las cuales se encuentran enraizadas prejuicios e ideologías racistas.

 

 

¿Qué tiene que ver todos estos conceptos con la COVID-19? 

Bueno, mucho, esta es una pandemia en la que se ha expuesto no sólo de manera implícita si no explicita, las desigualdades sociales, económicas, políticas e incluso mentales a nivel mundial, pero lo que nos atañe hoy aquí en este escrito, la población afrodescendiente.

 

Nuestra población siempre ha sido infestada por este virus, utilizándolo como analogía, a un aislamiento y marginación por parte del estado e instituciones en las diferentes partes del mundo en donde nos encontramos. 

Esta segregación siempre ha existido en nuestra historia, en donde a pesar de todo y de las dificultades ya mencionadas, nos ha tocado poner el cuerpo, sin protección física y/o emocional. Nos ha tocado salir, trabajar formal o informalmente; en precariedad laboral; contener a nuestros seres queridos; con poco o nulo acceso a servicios de salud y hoy con la pandemia no ha sido la excepción. 

Esta sensación ya la conocemos, la vivimos y para nosotros/as como comunidad, no es tema nuevo.

 

Me surge otra pregunta, ¿han pensado porque precisamente nuestra población ha sido desde hace tiempo, vulnerable ante cualquier eventualidad incluyendo esta pandemia?

Pues bueno, existen coincidencias no casuales de la población afro en el mundo, por ejemplo en África —especialmente la subsahariana—, el sistema de salud se ha caracterizado por ser deficiente, con prevalencia de enfermedades como la tuberculosis, VIH, malaria o desnutrición; con bajas condiciones socioeconómicas (agua no potable, hogares que no cuentan con sistemas de drenaje, recolección de desechos, con ventilación insuficiente; hacinamiento, donde muchas de las familias viven juntas y comen del mismo plato; trabajos mal remunerados con dificultad para la realización de ahorros,...), saqueos y más saqueos de diferentes países que meten sus manos, extraen recursos y dejan al pueblo en lo que ya sabemos, miseria, y en algunos casos, en la nada misma —pero bueno, esto es tema para otro artículo...— ¿A qué lleva todo esto? Bueno, lo lleva a la propagación de enfermedades con la consecuente perpetuación de las mismas y ni hablemos del contexto educativo.

 

 

¿Por qué llega de manera tardía la COVID-19 a los pueblos Africanos y de su Diáspora? 

Después de indagar de manera concienzuda una de las tantas conclusiones que responden esta pregunta, se debe propiamente al nivel adquisitivo de nuestros pueblos y en donde la estrategia de un sistema de segregación en algún momento ha servido como resistencia desde sus territorios pero en otros como el de ahora y dado su bajo poder y nivel adquisitivo no nos permitió captarlo desde su epicentro que fue China y Europa, pero una vez adquirido y de acuerdo a las variables ya mencionadas y la fragilidad de nuestro sistema de salud nos coloca a merced de una hecatombe para nuestros pueblos. Pero como estas hay muchas conclusiones más.

 

Contextualizando un poco la Diáspora Africana

En un país como Estados Unidos donde las estadísticas cobran fuerza, logramos analizar estos datos. 

En Chicago, hasta el 5 de abril cerca de la mitad de los casi 5.000 contagiados eran personas de origen afro; habían muerto 1.824 hasta ese momento, frente a 857 blancos, y 126 de origen asiático, es decir representaban el 72% de todas las muertes. 

 

En el estado de Luisiana en el sur del país, cerca del 40% de las muertes por Covid-19 han ocurrido en Nueva Orleans, donde la mayoría de habitantes son de origen afroamericano. Hasta el 8 de abril en esa ciudad se habían reportado 4.942 casos y 185 muertes. 

También llaman la atención los datos de Nueva York donde los mestizos representan 34% de las víctimas mortales pero son sólo el 29% de la población. 

Los Afroamericanos representan el 28% de los fallecidos, pero sólo el 22% de la población, los Neoyorquinos blancos y asiáticos en el momento son los menos afectados, revela el periódico internacional La Razón, el 8/04/2020.

 

Lastimosamente en Latinoamérica en donde el enfoque étnico por partes de sus instituciones no es tenido en cuenta, es sólo una de las razones por las que será muy difícil conocer la afectación en la población negra. Esto hace hincapié en el proceso de invisibilización como una estrategia de negación de nuestra existencia, como es el caso de la población AfroArgentina, situación que trae como consecuencia el desconocimiento de la situación real y afectación de la pandemia en este grupo étnico.

 

 

Ahora hablemos un poco sobre la mirada de la población afro al sistema de salud

Durante el proceso de investigación me topé con este interrogante y resolución muy acertada a dicha pregunta, ¿por qué algunos afroestadounidenses no quieren usar pañuelos o máscaras caseras? 

En Estados Unidos los pañuelos están asociados con afiliación a pandillas y violencia. Las personas de la comunidad negra tienen que tomar decisiones conscientes todos los días sobre la forma en que se muestran y son percibidos por la sociedad, lo que conlleva a un sobregasto de energía diaria. 

No usar un pañuelo protector va en contra de las recomendaciones de los CDC (Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades) y aumenta el riesgo de contraer Covid-19, pero usarlo también podría significar un disparo o ser asesinado debido a la discriminación racial y/o por exacerbar el perfil racial, lo que llaman “situación de perder-perder”, ¿complicado no?

 

Otra mirada interesante es como muchos varones afroestadounidenses desconfían del gobierno y la comunidad médica durante la pandemia de coronavirus. Los fracasos históricos en las respuestas del gobierno norteamericano a desastres y emergencias (Caso Nueva Orleans con el huracán Katrina), abuso médico, negligencia y explotación, han llevado a generaciones de personas afroamericanas a desconfiar de las instituciones públicas. Algunos llaman a este escepticismo el “Efecto Tuskegee” generado luego de que en el año 1930 el gobierno estadounidense realizara estudios médicos secretos con hombres negros en Alabama. 

 

En 1932 fue lanzado el estudio que involucró a unos 600 hombres negros pobres en Alabama que no fueron tratados por sífilis, una enfermedad de transmisión sexual para que los investigadores pudieran seguir su progreso. El programa quedó expuesto y finalizó en 1972. 

En 1997 el expresidente Bill Clinton se disculpó formalmente.

 

Y ni hablemos de J. Marion Sims, considerado “el Padre de la Ginecología Moderna”, quien realizó muchas contribuciones en este campo — Pionero en la investigación y tratamiento de la infertilidad. Inventó el espéculo de Sims para observar las cavidades corporales—, pero la más “destacada” de sus contribuciones fue la Reparación de la Fístula Vaginal, en mujeres en período de postparto, con trabajo de partos prolongados. 

Una fístula vaginal es un orificio anormal que conecta la vagina con otro órgano, por ejemplo, con la vejiga, el colon o el recto.

 

Una afroestadounidense de nombre Anarcha fue una de las mujeres que fueron sometidas a los procedimientos experimentales de J. Marion Sims.

Imagen | Southern Illinois University School of Medicine.

 

En una clínica improvisada de su jardín, muy cerca de las plantaciones de esclavizados/as en Montgomery, Alabama, Sims utilizó y practicó operaciones de “reparación” sin anestesia en el cuerpo de las mujeres afroamericanas esclavizadas —se sabe de once— entre los años 1845 a 1849.

El caso más conocido fue el de Anarcha, quien a sus 17 años, después de un parto prolongado de 3 días, tuvo formación de fístula vaginal. 

En un lapso de 4 años Sims realizó 30 cirugías experimentales sin anestesia, hasta que en Anarcha, logró la técnica adecuada del cierre de fístula usando una sutura de plata. “Casualmente” después de ello, decide emigrar a Nueva York, donde crea el primer hospital para mujeres de Estados Unidos, aplicando la técnica con anestesia en mujeres caucásicas.

 

Fijémonos bien en el concepto de “reparación” de aquella época, aplicándolo desde el lente de la función netamente laboral y reproductiva de una persona esclavizada en Estados Unidos durante el siglo XIX, interesante, ¿no?

 

Y, por último, pero no menos importante, ¿quién se puede quedar en casa?, evidentemente la población Afro, NO...

¿Cómo quedarse en casa, cuando el sistema mismo se ha encargado de sostener las desigualdades socioeconómicas de nuestra comunidad, con el resto de la población blanco/mestiza en general?

Lastimosamente esta población es la que históricamente ha ocupado estos sitios de trabajo (empleados de aeropuertos, bodegueros, domiciliarios, empleados de limpieza, empleadas domésticas, porteros de supermercados, taxistas, cocineros, meseros, obreros de construcción,...) y son parte de la población que hacen un trabajo tan importante como cualquier otro, pero que socialmente es despreciado. Mientras quienes pueden y cuyo poder adquisitivo y privilegios están a la orden del día sugieren y obligan a “quedarse en casa”; personas claramente no cuestionables por parte de los involucrados y cuya finalidad, es sostener la economía de la hegemonía blanca, el estado capitalista, y por ende el sistema heteropatrialcal. Así que dejemos de romantizar esta pandemia...

 

Para terminar, lo que pretendo con este escrito es movilizar estructuras mentales que generen incomodidades y visibilicen las diferentes vulnerabilidades que han existido, existen y existirán en nuestra comunidad, lo cual lastimosamente por estos factores modificables que el Estado no se ha preocupado en mejorar, traerán como consecuencia muchas muertes, como la titulada novela del escritor colombiano Gabriel García Márquez, “Crónicas de una Muerte Anunciada”, aunque diría, Sepultura para los difuntos, porque para el Estado, muertos ya estamos

 

 

Una de las cosas que me generan consuelo es que las elites dominantes que generaron en nosotros/as esta segregación no podrían con sus familiares emprender “La Huida” a los destinos confortables de otros países a los que están acostumbrados/as, en este caso “La Amada Europa” por qué la afectación de la Covid-19 en esa zona es aún mayor, hecho que los/as obliga a crear unas condiciones mínimas tanto para nosotros/as como para ellos o su entorno... no por solidaridad patriótica como dicen, si no por mínima sobrevivencia de ellos/as y su descendencia.

 

Por ahora, surgen diversos desafíos para nuestra población y considero que lo principal es que emerjan de nuestras comunidades, un liderazgo político, económico y social que se entienda frente a los desafíos que el momento histórico demanda.

La tarea no está fácil dado que los mismos (liderazgos) obedecen a una lógica política de la que hemos hablado en este escrito: segregación y exclusión y en donde han cumplido un gran papel ante el sistema y es el de lograr la desunión entre nosotros.

 

Recordando a Malcom X cuando decía que estos liderazgos en nuestras comunidades son como aquel esclavizado doméstico que se caracterizaba por recibir una prenda más de su amo, pero debía tener la tarea de proporcionar con más ahínco el látigo a sus hermanos —aclaro, no lo digo yo, solamente ilustro magistralmente a El-Hajj Malik El-Shabazz—.

 

Termino estas reflexiones apelando a mis mayores en el Pacífico Colombiano cuando con un tabaco pa‘ dentro dicen ‘Oyeran decí...y amanecerá y veremos’...

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