Patricio Romano Petronio Álvarez Quintero, más conocido como Petronio Álvarez, el músico que años después de su fallecimiento y gracias a su legado inspiró la creación del festival de música que ahora lleva su nombre.

Desde su infancia, Petronio tuvo claro que su pasión era la música. A pesar de no haberse educado en un conservatorio, de no haber estado ligado a ningún sello disquero, de no haber dedicado su vida a la música ni devengar su sustento de ella, Petronio Álvarez ha pasado a la historia regional como uno de los grandes impulsores del folclore del pacífico junto a figuras como Mercedes Montaño, Teófilo Potes, Peregoyo o Marquitos Micolta. A falta de academia Petronio contó con mucho de instinto, talento y de corazón, para terminar conquistando un encumbrado lugar en la historia musical del Litoral.

Patricio Romano Petronio Álvarez Quintero, o simplemente Petronio, nació el 1 de octubre de 1914 en la isla de Cascajal, Buenaventura, en la costa Pacífica colombiana. Este músico y compositor es hijo de Juana Francisca Quintero Asprilla, una chocoana escritora de versos, y de José Joaquín Álvarez Micolta, un caucano que había llegado a este puerto hacia finales del siglo XIX, atraído por la construcción del primer tramo del Ferrocarril del Pacífico, del cual fue posteriormente maquinista.

Ante la muerte de su padre en 1926 y los apuros de su madre por sobrellevar las responsabilidades del hogar haciendo pan, empanadas de cambray y comidas típicas del Valle del Cauca, que por momentos no eran suficientes, Petronio empezó a trabajar desde muy temprana edad.  La manera más práctica para entusiasmar a los compradores fue cantar al son de la improvisación. De su madre, heredó la facilidad para crear versos y la magia para inventarlos de la nada, para improvisar, y para que esas composiciones espontáneas fueran documentos sonoros en los que se consignaron los sentimientos y pálpitos de una comunidad en situación marginal.

Con la ilusión de llegar a ser como su padre, consigue empleo en el Ferrocarril del Pacífico, inicialmente como aguatero, para años después pasar a los talleres; allí le regalarían un libro sobre mecánica que le permitió obtener las bases del conocimiento alrededor de la locomoción que junto a la empiria suscitada por su inquieta personalidad, le aseguraron un paulatino ascenso hasta que consiguió el sueño de ser maquinista.

Petronio ejerció como primer maquinista de la locomotora “La Palmera” perteneciente a los Ferrocarriles Nacionales, hoy conservada como monumento en la ciudad de Cali. El trabajo en el ferrocarril marcó la vida de Álvarez, pues gracias a él, tuvo la oportunidad de recorrer mucho de la inmensidad del Pacífico colombiano. “Él comandaba su locomotora imprimiéndole un ritmo a su rodar sobre las paralelas que acompañaba con el de las canciones que entonaba a viva luz y que se iban con el humo y el viento". Así lo describe Juana Francisca, su hija y biógrafa.

Pero Petronio no sólo heredó de su padre el oficio de maquinista, también el apodo de “Cuco”, por su supuesta astucia e inteligencia manejando el ferrocarril, y de igual manera su destreza con la guitarra, la cual aprendió a tocar antes de cumplir los veinte años. Sus habilidades de intérprete se complementaron con sus destrezas como compositor, las cuales se intuyeron desde muy temprano, según reseña Juana Francisca, a través de las improvisaciones que Petronio hacía desde que le ayudaba a vender las empanadas de cambray a su madre: Empanadas de cambray para las viejas, aquí hay, el que no me las compre déjelas ahí.  No me las toque con sus manos sucias cochinas...

Esta sería a la postre una de sus grandes características y cualidades de Petronio Álvarez como artista: la improvisación.

Siempre viajó con el cupo completo. Mientras en una mano cargaba un estuche rústico con las herramientas para arreglar cualquier avería que pudiera tener su locomotora, en la otra portaba la guitarra para hacer más amenos los desplazamientos sobre las líneas paralelas del ferrocarril y en ocasiones, acomodaba su guitarra para deleitar a sus compañeros del Ferrocarril con la maestría que poseía interpretándola y con las composiciones repentistas alrededor de temas que le causaban fascinación como lo fueron la naturaleza y los paisajes, inspirados por sus continuas travesías por el Valle del Cauca, además del orgullo por su pueblo negro y por su Buenaventura natal y la cotidianidad de sus gentes. 

Al ser el comandante del tren y el encargado de marcar el paso rumbo al horizonte, el único público que tenían sus interpretaciones era el viento, que durante varios años se llevó sus melodías sin sospechar que serían parte esencial del folclor de la región del Pacífico colombiano y que además registraban la idiosincrasia de una población afro que insistía en la conservación de su identidad.

Es precisamente por la inspiración que le induce su terruño que en 1931 compone ‘Mi Buenaventura', tema que terminaría por convertirse no sólo en su canción más popular, sino también en el himno de este Puerto y sus gentes. Inicialmente fue grabada por Tito Cortés y Los Trovadores de Barú, en 1952, para posteriormente popularizarse en más de 25 versiones grabadas. También en honor a su entrañable puerto, más tarde, en 1935 creó el conjunto musical al que igualmente denomina "Buenaventura".

Su versátil legado musical pasa por poseer bambucos, merengues, huapangos, sones, abozaos y jugas; fueron los ejes transversales en la vida musical del compositor, pero indiscutiblemente fue el currulao, con toda la tradición de sus antepasados africanos, el que más marcó su trasegar en el mundo de la música.

A través de sus composiciones en cada uno de los ritmos, Petronio Álvarez recreó a su manera mucho de la idiosincrasia, el acontecer y el sabor del litoral. En piezas como Teresa describe el espíritu machista del negro porteño; en Roberto Cuero, el muerto vivo, pone en escena anécdotas y costumbres populares funerarias de la región; con Bochinche en el cielo muestra mucho de sus devociones religiosas con la hilaridad que siempre lo acompañó; a través de El porteñito o Adiós al Puerto deja en evidencia una vez más, el amor por su tierra. Y así cada canción tiene su historia, igual pasa con Vespertina, El Piñal, Chopero, Overol, Linda Porteña, Coja la Pareja, Felisa, Muy Indigna, Despedida, Adela, Año Viejo, Cali, ciudad sultana, Adiós a Colombia, El Cauca, Viendo Correr, La Caña de Azúcar, tan sólo algunas de sus composiciones más populares, aún cuando la mayor parte de la obra musical de Álvarez es inédita.

Ahora bien más allá de su clara tendencia por los ritmos colombianos y especialmente los sones del Pacífico, la música argentina ejerció gran influencia en la vida musical de Petronio.

En 1942 Petronio Álvarez conoció a Veneranda Arboleda Rodríguez, natural de Salahonda, Nariño con quien se casaría después de 11 años de convivencia, en la Iglesia de San Nicolás en Cali. Se le adjudican además dos relaciones extramatrimoniales, algo que de acuerdo a Juana Francisca, era considerado como normal entre los hombres de su región. De Petronio Álvarez se reconocen diez descendientes: Gerardo, Gladis, Leyda, Nelly, Iván, Alí, Cristina, Juan Francisca, Nancy y Edilberto. De su padre, Juana Francisca recuerda especialmente su interés por que sus hijos conocieran el folclore y la tradición oral del Pacífico, por medio de mitos y canciones.

A pesar de la importancia que hoy tiene el autor en poblaciones del Valle, Cauca, Chocó y Nariño, buena parte de su música está inédita y pocos artistas se atreven a interpretarla debido al temor de ser inferiores al compromiso con lo que consideran más que un legado.

El miércoles 13 de agosto de 2014, en el marco del XVIII Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez, se develó un busto en honor al compositor, quien vivió en el barrio Salomia desde que llegó a Cali.

El busto, que fue elaborado y donado por el artista caleño Cristian Oviedo, fue develado en el parque que se encuentra ubicado en la calle 9 entre carreras 36 y 37, frente de las piscinas olímpicas Hernando Botero.

Este parque lleva el nombre de ‘Petronio Álvarez’ constituyendo un elemento propio del patrimonio cultural urbano que permite recordar la vida y obra de este artista, que trascendió con su música y que tiene gran importancia para la formación de la cultura musical del Pacífico.

 

Referencia

Vida y obra de un compositor. El maquinista trovador. Petronio Álvarez “El Cuco”. Juana Francisca Álvarez. (s.f). Por Centro Virtual Isaacs, 2002.

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